[Verano de 1927]
Sello de Salón de Recreo Burgos
Querido Alfredo: Sorel en marcha. Junto con esta carta -día más, día menos de diferencia- recibirás un manojo de volanderas proclamas impresas en amarillo papel de aleluyas. Todo se anda poco a poco. Y voy a hacer, brevemente, historia: Llegada a Burgos. Entrevista con Ontañón 1 en la que me dice piensa, con el concurso de los firmantes del manifiesto, inaugurar una publicación castellana. ¡Por fin encontramos el principio de los «Cuadernos»! Otra entrevista me pide colaboración que yo acepto sin condiciones y al exponerme sus planes te asocio -supongo que te agradará-, sin comprometerte hasta conocer tu opinión. Otra entrevista al día siguiente: me pregunta si acepto el firmar el manifiesto que ya está en pruebas. Yo firmo y recabo para ti el puesto de Segovia, se pensaba en Barral pero tú fuiste acogido unánimemente con máxima simpatía, pues en cada población castellana, de importancia, habrá una persona -la de mayor solvencia literaria- encargada de actuar de antena receptora de cuanto suponga arte, literatura, inquietud en una palabra.
Como todo esto es al margen de ulteriores planes me he adelantado encargando te manden esos pliegos en espera de que hagas el mayor número posible de suscripciones pues en esto estriba la vida de la naciente Parábola 2.
Una vez ido a Segovia, antes de fin de mes, nos envías una crónica con el movimiento segoviano, y después desde Madrid continuas haciéndolo al igual que notas de libros, poemas, etc. Lo que quieras que para eso eres poeta. ¡Ea!
Además aquí, esto estoy viendo, podrás lanzar un libro al socaire de la editorial parabólica según el viento que sople. De haber el menor resquicio ten seguridad que tu libro correrá las librerías y colaborará en la circulación de los escaparates librescos.
Tu poema de la pescadora 3 muy bien. Ha sido leído ante el corro de la intelectualidad burgalesa con extraordinario éxito. Abrazos muy fuertes. Escríbeme mucho y corriendo. Mándame más poemas.
José Manuel

[5 agosto 1927]
Sobre y carta de 5 de agosto de 1927. Remite José María Alfaro desde Burgos a La Coruña: Avenida de Rubine, 25 (Riazor).
Sello de Salón de Recreo Burgos
Querido Alfredo: sobre las ocasionales cuartillas del «Salón» voy a volcar -en honor tuyo- algunas rimas:
Versos de tierra y de mar – ¡ojo con Alberti!-
Preludio
Canta, canta
junto a la playa.
Con el dedo en la arena,
rotas las alas,
escribe tu poema.
Y ¿después?
Alas rotas para caer.
I
Y con las sales marinas
un día te vestirás
-blancas alas de gaviota
para volar-
como las velas del barco.
II
Por montes verdes y blancos
-techo azul de eternidad-
has de correr sin piloto.
¿Para qué? Para cantar
con el violín del cordaje
y el arco del tajamar.
III
Las agujas de los mástiles,
borrachos de tempestad,
han de taladrar tu pecho
cuando la veas bañar.
Ella guardará sus senos
bajo la tapa del mar.
¿Tienes celos del delfín
que la puede acariciar?
IV
Mi mar: el cielo infinito;
y una nube mi navío.
Nave que supo de rutas
y derroteros perdidos.
Escuadra de nubes blancas;
quillas al aire tendidas.
Sin carta de navegar
y sin piloto la nave:
cielo y tierra nada más.
V
Mujer y solo mujer:
nada más y nada menos.
Así, el rostro levantado
-promesa de vuelo-,
y en las caderas redondas
otra promesa de fuego.
Reír, caricias: ¿amor?
Nada más y nada menos.
VI
Rompe de una vez la espada
de luz, del faro, que está
queriendo abrir tu ventana
para verte desnudar.
VII
Con pandero y con guitarra
y con la estrella del canto
temblorosa en mi garganta.
VIII
El desgarrón de tu pelo
en mis manos florecido.
Y tus ojos en mis ojos. Y mis besos…
IX
Esa campanita leve
la sirena marinera,
ansiosa de dos azules,
del falucho anclado a tierra.
X
Y yo, hundido en la meseta;
mástiles de catedral
me han de llevar hasta ti
para saciarme de mar.
Fin de los poemas.
¿Qué te parecen? Dímelo.
Maravillosa carta la de Tomasín, el hombre que encuentra en cualquier sitio de su vida algún poeta de vanguardia. ¿Es que es su sino o que hay demasiados?
Maravillosa también tu carta, esa carta seguramente da olor fuerte de mariscos y de callejas del quinientos, pinas, abruptas, con redes tendidas a secar y con casas crecidas a la sombra de las velas marineras. Por esas calles, salpicadas de corchos que hacen pensar en la de cubas, desf…..das ¿?, derramaron su vino, en estos días he transitado con el plano de tu carta por guía. Y si pudiera lo haría de tu brazo apuñalando los rincones con los incisos líricos y viendo saltar, de banasta a banasta -rosario de dieces de espuma-, a los pescados escurridizos que quieren morderse prematuramente la cola.
Maravillosa carta la tuya. Sorel en ti qué bien va. Julián debía ser así: rubio, fino, pálido, con arrebatos contenidos. Le faltaba una cosa para parecerse: no era poeta. Acaso, Stendhal tampoco.
Escríbeme mucho y muy pronto, a vuelta de correo si puedes. Mándame tus últimas cosas que ya serán bastantes. Yo esto es lo único que he hecho y es para ti y por ti que me animas.
Un abrazo fuerte, muy fuerte.
José Manuel
… Y el viento de la hélice despeina mi melena.