Alfredo Marqueríe Mompín (Mahón, 17 de enero de 1907-Minglanilla, Cuenca, 31 de julio de 1974). Nacido en Mahón (1907), pasó su infancia en Segovia. Edad Plata Segovia

Familia
Su padre, militar, era muy aficionado a la lectura, además de escultista (fundó una sección de los Exploradores de España, versión ibérica de los «boy-scouts»), y director del periódico El Alcázar de Segovia (1911), que fundó en la época de exámenes de ingreso en la Academia Alfredo Marqueríe Ruiz-Delgado (Manila, 1973-Monte Arruit, 1921) había sido alumno de la Academia de Artillería de Segovia, y en aquel tiempo conoció a la joven que luego sería su esposa (Mompín).

La familia del «Comandante don Alfredo» vivía en una vieja casona, situada frente al enlosado de la catedral. También organizó funciones de teatro, novilladas y representaciones de circo con fines benéficos, lo que permitió a su hijo «tomar contacto con el mundo del espectáculo, desempeñar los papeles infantiles de la sobras y conocer a toreros y titiriteros, seres que me parecían extraordinarios», escribe A.M. en sus Memorias informales.

De teniente, participó en la campaña de Filipinas, fue capitán profesor de la Academia de Artillería, y tuvo destinos en Jaca, Ceuta y finalmente en Melilla como comandante del Regimiento Mixto de Artillería (RAMIX). Murió el 9 de agosto de 1921 en la Matanza del Monte Arruit.

Hombre muy culto, se le nombró académico de la Historia, fue también autor de varios libros. Era un hombre recio, de mirada abierta y de trato afable. Tenía al hijo de catorce años en Melilla. Al despedirse de él días antes, de salir para Dar Drius, donde estaba destacado, le dijo: «Hijo mío, ya no nos volveremos a ver». En los sucesos de 1921 (Desastre de Annual) tomó el mando de la batería de cañones de Dar Drius, ya que se encontraban sin jefes y protegió, con ellos, la retirada de la columna del general Navarro desde Dar Drius a Monte Arruit. Mandó quitar los cierres a los cañones, para que el enemigo no pudiera hacer fuego contra ellos y ordenó la retirada. Tras esto, se incorporó a Monte Arruit, donde estuvo al mando de una zona defensiva con los oficiales de artillería que quedaban y otro grupo de artilleros y soldados. Dió la orden de que en caso de faltar agua, se la dieran a los soldados en vez de a los oficiales. En el momento de rendirse la posición, el 9 de agosto de 1921, se negó a acompañar al general Navarro y a su Estado Mayor, a una salvación segura y salió de la posición al frente de sus soldados en formación de a cuatro. Antes, les dijo: «Hijos míos, si sois creyentes, rezad, porque este es el último momento de nuestra vida. Vamos a morir por Dios y por España». Cuando se recuperó la posición, al mes siguiente, encontraron los cuerpos momificados y en el orden de la formación en que cayeron abatidos. Su cuerpo fue reconocido por el padre Revilla y recogido por sus hermanos los también comandantes Emilio y Eduardo. Aunque fallecido el 9 de agosto de 1921 en Monte Arruit, fue enterrado el 27 de octubre de 1921 en el Panteón de Héroes de Melilla,Fila 1 nº 10.

Segovia
Los años decisivos de su niñez y su juventud los vivió Alfredo Marqueríe en Segovia, ciudad a la que se trasladó su familia al poco tiempo de su nacimiento y de donde era originaria la familia de su madre.

Cuando Alfredo cumplió 10 años (1917) su padre le animó a leer y puso a sus disposición su biblioteca; su primera lectura fue Crimen y castigo de Dostoyevski y luego siguió con Shakespeare…

En Segovia fue alumno del poeta Antonio Machado, al que frecuentó no poco y moteja en sus memorias de muy aficionado al vino e incluso de «algo borrachín» 1. Entre sus amigos segovianos estaban Antonio Ibol León y Mariano Grau, con los que en numerosas ocasiones se acercó a Antonio Machado en las tertulias y sobre todo en los paseos que daba el poeta por los alrededores de la ciudad. «Era yo entonces un muchacho pálido y tímido que escuchaba en unión de otros jóvenes aficionados a las letras a Antonio Machado con respeto y veneración casi religiosa. Nos aleccionaba sencilla y cordialmente, sin empacho pedagógico-didáctico, poniendo, por encima de todo, el culto a los eternos valores del espíritu, a la verdad, a la belleza, al bien…» evoca en sus memorias.

El 3 de noviembre de 1922 está empadronado en Melilla.

1922-1929

En esos años juveniles, la inquietud, la impaciencia y el afán emprendedor son los rasgos más acusados de su personalidad. Una inquietud que le llevaría a indagar con su mirada buida y penetrante en la poesía, el periodismo, la crítica teatral, la novela, la biografía, el ensayo… Otro rasgo de su carácter fue el de cierta melancolía, un poso de tristeza de adolescente viejo. Era ya consciente de la facilidad con que se rompen los ideales juveniles y se llega silenciosamente a una vida vulgar y mediocre.

Cuando publica su primer poemario Rosas líricas (1923) había muerto su padre en la retirada de Monte Arruit, en la guerra de Marruecos. A su memoria le dedicó el libro, apenas cumplidos los 16 años. Este primer libro es aún rubendariano. Lleva, a manera de pórtico, un «Análisis» de Alfredo Marqueríe a cargo de su amigo A. Ibot León. Es un poema-retrato en el que le describe bajo el ala de un gran sombrero, con traje negro, el rostro afilado y la mirada indagadora con la llama de la duda, la zozobra, en busca de su camino vital, cargado ya de dolores prematuros.

Desde 1922 colaboró en las revistas literarias del ultraísmo provinciano: Alfar, Mediodía, Manantial, Parábola y Meseta. Y sobre todo en Papel de Vasar.

En 1926 estudia Derecho en Madrid y pasa por San Lorenzo del Escorial. Y estrena en el teatro de la Comedia una obra en verso titulada Fue en una venta, escrita en colaboración con José María Alfaro.

Y en 1930, con 23 años ingresa con el número 2 de su promoción en el Cuerpo de Secretarios de Ayuntamiento, de primera categoría.

El impresor Carlos Martín
1927. Su siguiente libro 23 POEMAS lo publicó en 1927 y también fue impreso en los talleres tipográficos de Carlos Martín. Está dividido en 3 secciones: «tierra y amor», «elogios» y «mar». Se abre con la siguiente dedicatoria: «A la generación romántica de 1930, que ya rebulle en la sombra, apretada, tenaz, silenciosamente». Estas palabras revelan que A.M., estudiante de Derecho en Madrid, vivía muy atento a los nuevos movimientos literarios y al importante cambio de rumbo que se produciría en torno a 1930: abandono del carácter deshumanizado y de la pureza tanto en la prosa como en la poesía para orientarse hacia realidades acuciantes y, sobre todo, el nacimiento de una nueva sensibilidad. El término «nuevo romanticismo» fue acunado por José Díaz Fernández en 1930 y supuso una vuelta a los temas que afectan al hombre, a sus inquietudes y a escuchar el rumor de la conciencia.

La sección «Elogios» se abre con una cita de Papini: «El Arte es un esfuerzo para educarnos descubriendo ciertos aspectos menos visibles de las cosas».

El 3 de julio de 1930 pronunció una charla sobre la Exposición de artistas y temas segovianos, organizada por la Universidad Popular, que imprimió con fotografías de jesús Unturbe y dibujos de Peñuelas, Cáceres, Santa Cruz, Escribano y Tejero en los talleres de Carlos Martín. Destaca una página sobre el significado de la pintura de Cristóbal Ruiz y una apasionada, inteligente y «moderna» defensa de Esteban Vicente.

En 1931 fue redactor-jefe del periódico Segovia Republicana, dirigido por Rubén Landa. Antes, en 1926 lo fue de El Heraldo Segoviano de Carlos Martín Crespo. Desde finales de 1931 trabaja sin interrupción en el diario madrileño Informaciones, propiedad de Juan March y dirigido por Juan Pujol, en el que hizo la crítica literarias, además de sus trabajos periodísticos.

Lilas de mayo (1933) y Reloj (1934)
En 1933 publica su tercer libro: Madrid. Lilas de mayo.

Con este poemario obtuvo un accésit en el Concurso Nacional de Literatura de 1934. El libro comienza con unos «Aires de pueblo» que remiten a la poesía popular de los cantares, cantarcillos y tonadas. Son poemas descriptivos con rasgos costumbristas para retratar a pareja de «Los franceses en la fonda», o para reflejar la «Llaneza española». Más adelante los poemas se adensan en reflexión en los sonetos «Pecado», «Hoy», «Amor», «Dolor y muerte», en los que se vislumbran influencias de las greguerías de Ramón. La melancolía del adolescente viejo sigue presente:

Estación de la tarde:
sólo tú sabes mi secreto triste…
No se lo digas a nadie…

En 1933 sus críticas literarias obtienen el Premio de la Cámara Oficial del Libro.

Legiones y Falanges
Marqueríe, como gran parte de la juventud española, siente que la República, a la que había contribuido a traer, era una estafa y una traición a España.

En octubre de 1933 se constituyó Falange Española por parte de José Antonio Primo de Rivera, que tenía su tertulia en «La Ballena Alegre», en los bajos de la cervecería Lyon. Allí acudían Agustín de Foxá, Rafael Sánchez-Mazas, Víctor de la Serna, José María Alfaro, Dionisio Ridruejo y Alfredo Marqueríe.

En 1934 entra en Falange, y escribe en Arriba y en Haz. Fue delegado de Falange en el diario Informaciones, del que era subdirector.

Guerra Civil (1936-1939)
El 18 de julio de 1936 Marqueríe está en Madrid, como subdirector del diario Informaciones. Cuenta:

El mismo día 18 de julio de 1936, burlando las prohibiciones de la censura, publiqué un artículo en Informaciones con mi firma en el que combatía acerbamente el marxismo y anunciaba «el nuevo amanecer de España». !Eso el mismo día 18 de julio! Fue mi sentencia de muerte. Las milicias rojas recibieron orden de detener al escritor «fachista»; se incautaron de mi casa y me buscaron por todo Madrid. El diario comunista Mundo obrero -del día 31 de julio-, en un suelto publicado en primera plana, excitó el celo de las brigadas rojas para que buscaran a Marqueríe «donde quiera que se haye oculto y le exterminen y aplasten». Padecí durante un mes -!qué treinta días y qué treinta noches!- esta «amable» persecución. Cuando mi último escondite fue descubierto y parecían agotadas todas las posibilidades de salvación, manos generosas y amigas -!inolvidables!- se interpusieron entre «la «pieza» y sus «ojeadores». Me fueron abiertas las puertas de una Legación, donde permanecí hasta el 9 de mayo de 1937, en que fui evacuado a Valencia bajo la protección de pabellón extranjero. En el puerto de esta ciudad, y a punto de embarcar en la lancha del destroyer «Tucumán», en el muelle, al borde ya del agua, las «autoridades» rojas prohibieron mi salida y ordenaron mi detención. Pude burlar la vigilancia de los milicianos del puerto y me metí en la lancha del buque de guerra argentino. Ya en el mar, el comandante de aquel buque -!Dios se lo pague!- no accedió a las pretensiones de los que reclamaban mi entrega. Y a bordo del «Tucumán», como tantos otros españoles rescatados, suspiré dichoso. Desembarqué en Marsella luego, y sin pérdida de tiempo me trasladé a la España Nacional.

Una vez en España, asistió como cronista a la campaña del Norte. El general Solchaga condecoró con la insignia de las brigadas de Navarra a Francisco Lucientes, José Campúa y Marqueríe, los tres fueron los primeros periodistas que «asaltaron» el Cuartel General Nacional. Se asienta en San Sebastián donde colabora como periodista en la prensa nacional: Unidad, Vértice, Fotos, Domingo

Publica el poema «Elegía a las ruinas de la Ciudad Universitari», incluido en el especial de Vértice dedicado al Ejército, traducido a varios idiomas. Actúa en festivales de exaltación nacional y de agasajo a los combatientes. En el semanario Domingo divulga reportajes sobre la vida en la zona roja. En este momento prepara un libro titulado Madrid hecho pedazos, que no conozco.

A finales de 1937 el periodista Gregorio Corrochano hizo un viaje desde Tetuán hasta San Sebastián para contratar a Marqueríe y a Tomás Borrás como redactores del nuevo periódico España, de Tánger, auspiciado y financiado por Juan Beigbeder. Alto Comisario en Tetuán y luego Ministro de Asuntos Exteriores en el primer Gobierno del Caudillo.

Poemas suyos aparecieron en Lira bélica, de Jesús Sanz y Díaz, en la editorial Santarén de Valladolid, en 1939, junto a Foxá, Pemán, Marquina y Machado.

Posguerra

Al finalizar la guerra A.M. es nombrado subdirector de Informaciones, diario que dirige el falangista, camisa vieja y germanófilo Víctor de la Serna. Hace la crítica teatral y literaria. También colaboró en la antología poética filonazi Poemas de la Alemania Eterna (1940) con el romance “Paracaidistas del Reich”, llamativa combinación de imágenes vanguardistas y simbología religiosa, al presentarse el avión del que se arrojan los paracaidistas como una Cruz y ser los paracaidistas doce, como los apóstoles:

La Cruz voladora siembra
doce semillas gigantes
que en el azul luminoso
súbitamente se abren:
flores de tallo cortado,
balancines inestables,
lluvia armada que desciende
sobre la tierra de nadie […]
Son doce bengalas vivas,
doce aerolitos de carne,
doce arcángeles de guerra,
doce bélicos arcángeles.
Los toldos de blanca seda
parecen palios triunfales.
Del cielo bajan las cúpulas
de las nuevas catedrales
del templo del heroísmo,
que empieza por el remate.

Fue director del semanario Tajo. Colaboró además activamente en 1942 en Legiones y falanges y, entre muchas otras publicaciones, en Festa d’Elig (1942-1953). En 1944 pasa a ABC, como crítico teatral y de circo. Hasta 1960. En 1964 pasa a Pueblo. Fue redactor-jefe de NODO durante 20 años y crítico de teatros de RTVE.

Su poesía, con huellas machadianas, es de tono postmodernista, acercándose a veces al ultraísmo. Como narrador compuso sobre todo novelas cortas de estilo sainetesco y costumbrista, de humor fácil y desenfadado. La de mayor éxito fue Don Laureano y sus seis aventuras (1940), que tuvo su secuela y continuación en una segunda entrega en 1945.

En el verano de 1974 cuando se dirigía en coche a Valencia con su mujer, Pilar Calvo Rodero, sufre un accidente mortal en el Puerto de Contreras, Cuenca.

Francisco Otero: "La vida inquieta de Alfredo Marqueríe (1907—1974)", en El adelantado de Indiana núm. 8 (junio 2008)

  1. Y fue amigo del tintorro hasta ser calificado como algo borrachín. Así lo recuerda en sus memorias Alfredo Marqueríe, alumno suyo en el Instituto de Segovia, y que lo trató bastante por aquellos años (Véase Personas y personajes. Memorias informales, Madrid, Dopesa, 1971